Niveles de amoniaco en galpones de pollos
Con qué límite de amoniaco trabajar, dónde medirlo y por qué la lectura de la noche con ventilación mínima importa más que la de la puerta.
Calidad del aire 6 min de lectura
Entra al galpón a las siete de la mañana y el amoniaco le pica en la garganta unos segundos. Después se pasa, las aves se ven normales y empieza el día. Cuando alguien vuelve a pensar en el tema, los extractores llevan dos horas trabajando más fuerte y el aire está bien.
Ese momento de la mañana es la única lectura de amoniaco que muchas granjas toman, y es la menos útil. Mide el aire a la altura de una persona, cuando la noche ya terminó, con una nariz que ya empezó a acostumbrarse. Esta guía explica con qué límite trabajar, de dónde debe salir la lectura y por qué las horas que nadie ve son las que cuentan.
Con qué límite trabajar
No hay un número único para todas las granjas. El límite que lo obliga a usted es el de su norma de bienestar, el de su contrato con la integradora o el comprador, o el de la guía de manejo de su línea genética, y su veterinario puede decirle cuál aplica.
Como referencia muy usada, la Directiva 2007/43/CE del Consejo de la UE exige que el amoniaco no supere 20 ppm y que el dióxido de carbono no supere 3000 ppm, medidos a la altura de la cabeza de los pollos, en pollos de engorde criados con densidades más altas. Muchas normas privadas y contratos de integración están escritos en los mismos términos: una concentración en ppm, a la altura de las aves.
De esa redacción salen dos cosas. El límite es una concentración, así que necesita un instrumento y no una nariz. Y está definido a la altura de las aves, así que una lectura tomada en otro lugar responde otra pregunta.
Medir donde respiran las aves
El amoniaco sale de la cama. Cerca de la cama, donde las aves pasan el día, la concentración es la más alta. A la altura de una persona, y sobre todo cerca de una puerta abierta o de una entrada de aire, el aire fresco la diluye.
Un buen punto de medición está:
- A la altura de las aves, sobre la cama, donde estaría la cabeza de un ave promedio.
- Lejos de las entradas de aire y del extremo de los extractores, para que el sensor lea aire del galpón y no aire que entra o sale.
- Dentro de la zona donde las aves realmente se echan, no en un rincón que evitan.
En un galpón túnel largo, las condiciones cambian a lo largo del edificio. Un detector en el centro del galpón le dice casi todo lo que necesita; un segundo hacia el lado de los extractores muestra cuánto se cargó el aire antes de salir.
Por qué el problema es la noche
De día, con las aves activas y temperaturas más altas, el controlador suele ventilar más y el amoniaco se mantiene bajo. De noche, y en épocas de frío, el controlador mantiene el galpón en ventilación mínima para conservar el calor. Se renueva menos aire, la cama sigue liberando amoniaco y la concentración sube durante horas.
Esa es la parte que una recorrida de la mañana no puede ver. La lectura de las siete le dice cómo terminó la noche, no cuánto tiempo estuvo el galpón por encima de su límite ni qué tan alto llegó a las tres de la mañana. Un sensor fijo que registra cada pocos minutos muestra la curva completa: cuándo empezó a subir, cuánto tiempo se mantuvo arriba y si el aumento de extracción de la mañana lo bajó o solo lo frenó.
Esa curva es la que le permite ajustar la ventilación mínima con cierta seguridad. Sin ella, cada cambio es una apuesta entre el costo de calefacción y la calidad del aire.
La cama húmeda explica casi todo
La producción de amoniaco sube mucho cuando la cama se moja. Las causas habituales las conoce cualquier encargado de granja: bebederos que gotean o mal regulados, humedad alta que la ventilación no está sacando, condensación en paredes frías y heces sueltas por problemas digestivos.
Por eso el amoniaco se lee mejor junto a la temperatura y la humedad. Si la humedad se mantiene alta uno o dos días y después el amoniaco empieza a subir, el origen es la humedad. Si el amoniaco salta sin ningún cambio en la humedad, hay que buscar en otro lado. Las cuatro lecturas en un mismo gráfico convierten una alarma de amoniaco en un diagnóstico que puede usar la próxima vez.
Por qué el olfato no alcanza
Las personas se acostumbran rápido al olor del amoniaco. Un galpón que parecía fuerte al entrar parece aceptable unos minutos después, aunque nada haya cambiado. El turno de día y el de noche pueden entrar al mismo galpón y no coincidir, de buena fe.
Un número en una pantalla resuelve eso. También le deja un registro: si un comprador, un auditor o su propio veterinario le pregunta cómo ha estado el galpón, puede mostrarle el historial en lugar de describir una impresión.
Una alerta que sirva
Un sensor fijo es la mitad del trabajo. La otra mitad es enterarse cuando una lectura cruza una línea, y enterarse de una forma que genere una respuesta.
- Ponga la alerta por debajo de su límite, no en el límite, para que el equipo tenga tiempo de subir la ventilación antes de incumplir la norma.
- Use límites distintos por etapa si su operación lo necesita. La crianza, con el galpón cerrado y calefaccionado, suele manejarse distinto de las últimas semanas.
- Asegúrese de que la alerta insista. Una sola notificación de noche es fácil de perder. Una alerta que se repite hasta que alguien de la granja la confirma es mucho más difícil de ignorar.
- Mire la tendencia cada mañana, aunque nada haya alarmado. Un galpón que estuvo cerca del límite tres noches seguidas le está avisando antes de pasarse.
Para el tema relacionado del dióxido de carbono en un galpón cerrado y calefaccionado, vea el CO2 durante la crianza. Si el amoniaco sigue subiendo mientras el controlador muestra la ventilación funcionando, lo siguiente es revisar si los extractores de verdad están girando: vea qué pasa cuando falla la ventilación.
Cómo lo mide Henlytics
Henlytics instala un detector fijo de amoniaco a la altura de las aves en cada galpón, junto a sensores de CO2, temperatura y humedad. El detector de amoniaco GF-201 mide de 0-100 ppm con una resolución de 0.1 ppm, muestra el valor en su propia pantalla y tiene dos relés de alarma para una sirena local. Las lecturas van a un controlador celular en la pared y de ahí a un solo panel para todos los galpones, con alertas al celular en los límites que usted define. Funciona junto a su controlador de ambiente actual y no cambia cómo se maneja el galpón.
Vea el monitoreo de amoniaco y CO2 para conocer los sensores y cómo se instalan.